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¿Coproducción? O Coproduction?

 

En ESO Paranal, Chile. Foto de Karen Ballard

Rodando 'Quantum Of Solace' en ESO Paranal, Chile. Foto de Karen Ballard

En el cable podemos encontrar historias de todos los países y entenderlas gracias a los subtítulos o doblajes. No importa si los actores están hablando en chino mandarín o en idioma vasco, es un hecho que a nivel de distribución, los límites de la lengua se han reducido hasta casi desaparecer.

Sin embargo, detrás de una película hay un proceso complejo que dura infinitamente más de una hora media: se trata de la “producción” que nace en el momento en que se concibe la historia y pasa por un sinnúmero de etapas que se mueven gracias al amor al arte, al profesionalismo y al nunca bien ponderado, dinero. Este último es la razón principal para que dos industrias pertenecientes a países diferentes quieran trabajar juntas, sobre todo cuando vienen de economías dispares.

Chile se ha convertido en uno de los países favoritos para la coproducción debido a que principalmente, tiene los paisajes más diversos ubicados a distancias relativamente cortas, lo que abarata costos de desplazamiento. Además los lugares elegidos como locaciones abren sus puertas a las producciones en vez de cobrarles grandes sumas por utilizar sus instalaciones, como sucede en países en que la industria está más desarrollada que en Chile. De esta manera, las localidades se aseguran un lugar en la pantalla grande, potenciándose a la vez como destinos turísticos.

Los técnicos y el inglés

El idioma general del rodaje, a no ser que sea entre dos países de habla hispana, es y será por mucho tiempo el inglés. Daniela Espinoza Pinedo, directora del Sindicato de Técnicos de Cine SINTECI, relata una anécdota ocurrida durante un rodaje entre el director de fotografía estadounidense y un técnico local mientras montaban la iluminación. El técnico le preguntó si estaba bien la “yellow”, pero el estadounidense parecía no entender. El eléctrico repitió otra vez más lento, pero nada. Movió su pulgar hacia arriba o hacia abajo preguntando insistentemente“¿yellow good? ¿No yellow?”, pero la negativa del extranjero, que apenas hablaba español, lo obligó a señalarle una caja abierta en el suelo del set. Entonces el director soltó una carcajada al percatarse de lo que se trataba: gelatinas para la iluminación. La palabra gelatina se diría coloquialmente “Jelly” o “Jell-o” y no “Yellow”, que significa amarillo en español.

“El inglés es muy necesario porque usualmente cuando se coproduce, traen desde el extranjero a los directores y productores, pero los técnicos son contratados acá, porque son buenos y es más barato”, explica Espinoza, a lo que agrega que “el gran problema es que la mayoría no sabe inglés o lo maneja muy poco. A los que saben se los pelean y terminan ganando mucho más porque se paga mejor”, finaliza.

Es tanta la necesidad de tener el inglés como lengua corporativa que el SINTECI está trabajando una propuesta que quieren presentar al Fondo de Fomento Audiovisual y así conseguir financiamiento para pagar cursos de inglés para los trabajadores del área audiovisual.

¿Y antes del rodaje, qué?

Claudia Pino y Emir Kusturica

Claudia Pino, profesora de producción ejecutiva en el DUOC de Concepción y Directora del Festival Internacional de Cine de Lebu, FICIL, cada vez que tiene la oportunidad le repite a sus alumnos que deben aprender inglés, no sólo para que sus películas y cortometrajes entren al circuito de los festivales, sino que también para conseguir financiamiento. “Tienen que llenar formularios, hacer sinopsis, los argumentos y un montón de cosas más para postular a fondos internacionales y para eso necesitan manejar un inglés más que básico”, recalca Pino.

Aunque ella misma no ha logrado avanzar en la meta de aprender inglés, esto es lo primero que ocupa su lista de cosas por hacer ya que no quiere volver a tener que improvisar traductores, como cuando estuvo frente a Emir Kusturica y tuvo que establecer contacto gracias a la abuela de un amigo que hablaba serbio y que terminó llevándole empanaditas a sus conciertos. “No es que no podamos coproducir si no sabemos inglés, podemos, pero el camino se nos hace mucho más largo y perdemos un montón de oportunidades para hacer negocios”, reconoce Pino.

Dentro del marco del XII FICIL, celebrado en el sur de Chile entre el 31 de enero y el 5 de febrero, el país invitado de este año será Francia. Aunque algunos franceses hablan algo de español y otros un poco de inglés, Pino decidió contratar a una intérprete para poder agilizar temas de producción e intercambio de información, “es que hoy todo el mundo se comunica en inglés, es la lengua que hace nexo y si no puedes expresar bien lo que haces, la industria se limita mucho”, finaliza.

Sin duda nos queda un largo camino por recorrer en cuanto a la capacitación idiomática de creativos y técnicos audiovisuales. Sin embargo, hay algunas productoras locales que ya lo están logrando, como SOBRAS, Fábula y Alce, entre otras. Estas conforman la vanguardia hacia lo que seguramente va a ser la industria chilena: una capaz de producir y contar historias sin fronteras.

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